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“Por una lactancia materna sin obstáculos”, por José María Paricio Talayero

By Apilam Lactancia | lactancia

Jun 08


Hace ahora 150 años la cultura de la lactancia materna, hasta entonces anclada en el mundo de la mujer, le fue arrebatada por una alianza entre profesionales médicos y comerciantes de la industria de la alimentación.

 
Fuimos los sanitarios, médicos fundamentalmente, los que la reinventamos, pervertimos y tergiversamos enormemente con resultados finales catastróficos. Gracias a nuestros avances pretendidamente científicos estuvimos a punto de provocar la extinción de una cultura ancestral.
 
Fueron mujeres como Cicely Williams o Natividad Relucio Clavano las primeras en dar la voz de alarma a lo largo del siglo XX consiguiendo finalmente que todos los organismos sanitarios hayan acabado ensalzándola y promoviendo una lactancia, exclusiva los primeros seis meses y acompañando a otros alimentos el tiempo que madre y lactante deseen. 
 
La mal llamada lactancia prolongada tiene muchos beneficios reconocidos. Hoy todos están de acuerdo en que la lactancia es el modo ideal de alimentación y hay un Código, leyes y protocolos encargados de protegerla.
 
Pese a ello, en nuestra sociedad actual, de cultura del biberón, la lactancia es una carrera de obstáculos que se le van poniendo a las mujeres que desean dar pecho.
 
Cómo derribar esos obstáculos:
 
Permitiendo que las mujeres den a luz en lugares amorosos, respetuosos con ellas y con sus bebés, atentos con sus tiempos de reconocimiento. 
 
Considerando la lactancia como un tema de Salud Pública y objetivo prioritario en los planes de salud a nivel comunitario y estatal. Tratándola con idéntico o mayor cuidado que los planes de vacunación. Y eso empieza por asignarle un presupuesto, diseñar campañas de información y divulgación, establecer indicadores que ahora no tenemos y regular la formación y competencias de los profesionales sanitarios.
 
Adaptando las leyes laborales. Las madres, mucho más responsables que sus gobiernos, empresarios y sindicatos, hacen encajes de bolillos para alargar su exiguos permisos de maternidad y ampliar como pueden sus lactancias. Es una vergüenza. Lo que estamos perdiendo es la disminución del riesgo de infecciones y otras enfermedades. Lo que estamos perdiendo es el cariño compartido un tiempito más. No sabemos del todo lo que estamos perdiendo, pero quizás sea mucho.
 
Eligiendo a nuestros dirigentes políticos con mejor tino que hasta ahora. Si hacen lo que hacen es porque les dejamos. Hemos de preguntarles no solo dónde están las mujeres de sus partidos, pues la paridad de género no asegura nada, sino cuales son sus planes en cuanto a igualdad de género, cual es su modelo de conciliación, su política de horarios de trabajo, el porcentaje del PIB que piensan que hay que dedicar a ayudas sociales a la familia y si además de en guarderías han pensado en otros modelos laborales que permitan no externalizar siempre o enteramente la crianza, que debe ser revalorizada y retribuida como un bien social primordial.
 
Haciendo que la lactancia vuelva al mundo del que nunca debió salir: la sociedad de las mujeres, la sociedad por extensión. 
 
La Liga de la Leche desde los años 50, junto con los innumerables grupos de apoyo a la lactancia materna que hay actualmente todo el mundo, constituyen un entramado social, una red que recupera y conserva la cultura de la lactancia. Las mujeres de estos grupos son las que mejor saben cómo se da el pecho. 
 
Tomad el control, no nos esperéis a los sanitarios: exigidnos.
Discurso del Dr. José María Paricio Talayero, presidente de APILAM, en la VII Marcha a favor de la lactancia materna organizada por el grupo de apoyo, La Safor al Pit, el 28 de mayo de 2016 en Gandía (Valencia).
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