“Apoyar la lactancia materna para un planeta más saludable” es el lema de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2020, que desde 1990 se viene celebrando del 1 al 7 de agosto en más de 120 países, y en Europa la semana 41 del año.

La lactancia se adapta específicamente a las necesidades nutricionales de los recién nacidos, pudiendo cambiar de composición y volumen según el momento de la lactancia. Los lactantes amamantados tienen menor probabilidad de padecer enfermedades de tipo infeccioso y se conoce cada vez mejor el porqué de esto. La leche humana representa un recurso perfecto para fortalecer el aún inmaduro sistema defensivo del lactante.

Pero además, la leche materna cumple los cuatro criterios exigibles para asegurar la sostenibilidad de un producto: ser sostenible económica, ecológica, social y políticamente. No en vano, la lactancia materna, mantiene un equilibrio entre producción y consumo. Es barata, aprovecha el recurso natural de forma eficiente, sin desperdiciar energía para su producción, sin producir excedentes. Recicla la energía de la madre, no contamina, utiliza energía limpia y renovable (reutiliza la energía de los alimentos ingeridos por la madre). Es de proximidad. Mejora la calidad de vida y la salud de las personas, difunde valores de equidad, sostenibilidad, de conciencia ecológica.

Es descentralizada, no depende de fuentes de financiación externas, genera solidaridad, como los grupos de apoyo y la lactancia solidaria. El pecho materno es el “envase” más ecológico para este alimento único.

Los riesgos ecológicos de la leche de fórmula

Las vacas destinadas para la producción de leche son criadas con pasto sobre tierra que puede o debe haberse deforestado con este fin. Cada vaca consume mucha agua y más de tres toneladas de sustancia vegetal por año, precisando alrededor de una hectárea de pasto.

En la India se necesitarían 135 millones de vacas lecheras para sustituir a la leche materna del país: si todas las mujeres indias dejasen de amamantar, cerca de la mitad de la extensión de la India debería destinarse al forraje.

Los abonos, pesticidas y herbicidas contaminan los acuíferos. Hay un importante gasto económico en fábricas para abonos y medicamentos para animales. Casi la tercera parte del metano total del mundo y la quinta parte del total de gases que contribuyen al efecto invernadero es producido por la cabaña vacuna mundial a través de sus flatulencias. La energía consumida en transportar y procesar la leche de vaca y el volumen de cartón, metal y plásticos empleados en embalar y administrar biberones, tetinas y fórmulas artificiales, muchas veces no reciclados adecuadamente, contaminan el planeta.

La leche materna, el alimento sostenible por excelencia

Metales como el aluminio pueden contaminar la fórmula durante su almacenamiento: en un estudio hecho en Canadá las muestras de fórmula contenían 40 veces más aluminio que la leche materna.

Desde el punto de vista ecológico, la leche materna es el alimento sostenible por excelencia; no sólo no produce gases de efecto invernadero (huella de carbono 0, a diferencia de los 4 kg de CO2 necesarios para fabricar cada kilo de fórmula en polvo), sino que tiene la menor huella hídrica conocida para un alimento. Vale la pena saber que la huella hídrica es el volumen de agua dulce que se utiliza para producir algo: 50 a 70 litros de agua son necesarios para producir una naranja o una manzana, 200 litros para un huevo, 1.000 litros para un litro de leche de vaca, 1.200 litros para un kg de pan y ¡4.700 litros para un kg de formula en polvo para lactantes!

La alimentación con fórmula es ecológicamente insostenible, tiene una huella de carbono enorme y consume los escasos recursos de agua del planeta.

Así pues, no se puede sostener la afirmación de que las fórmulas artificiales son iguales o casi iguales o muy similares a la leche materna y que los bebés se crían igual de bien con ellas. Todos los datos que aporta la ciencia, desde la Medicina, la Infectología, la Neurología, la Nutrición y la Psicología son rotundos: hay mayores tasas de morbilidad (enfermedades) y de mortalidad entre los lactantes no amamantados. La morbilidad también es mayor para las madres que no amamantan.

Riesgos de la la lactancia artificial, también en países desarrollados

El que pretenda que esto sólo es cierto en los países pobres y en desarrollo se equivoca: hay decenas de investigaciones publicadas en revistas del máximo rigor científico que demuestran que en los países industrializados y ricos, hay también exceso de enfermedad y exceso de muertes entre lactantes no amamantados. La única ventaja de los países desarrollados es que la fórmula artificial se puede preparar en condiciones higiénicas y mezclando adecuadamente el polvo con el agua y eso disminuye las posibilidades de enfermedad y muerte respecto a los países en desarrollo, pero sigue siendo significativamente mayor que la de lactantes amamantados en países ricos. Otra cosa es que queramos asumir o maquillar ese mayor riesgo de la alimentación con fórmulas en nuestros ricos países con potentes sistema médico y red ambulatoria y hospitalaria que puede arreglar casi cualquier trastorno de salud con medicamentos sin fin. Pero, ¿vale la pena poner en riesgo la salud de bebés y madres?

Importancia de la lactancia materna en catástrofes

Todos estos riesgos está claro que se ven acrecentados en países en desarrollo y de renta per cápita baja. Del mismo modo, en situaciones de catástrofe, sea natural (terremotos, inundaciones, erupciones volcánicas) o provocada (situaciones de guerra), es mucho más segura la lactancia materna que la alimentación artificial. Los bebés van a estar protegidos por la leche y el calor de sus madres. Es por ello que es un acto perverso enviar ayuda humanitaria en forma de leches de fórmula a estos lugares: las madres de las zonas castigadas se confían y dejan la lactancia. Mientras está presente la ayuda internacional es posible que el agua para preparar los biberones sea potable y que el suministro de fórmula en polvo sea el suficiente para prepararlo en la proporción adecuada, pero para cuando los equipos de ayuda internacional parten, las madres han perdido ya su capacidad de amamantar y puede que no tengan acceso fácil y económico a los botes de fórmula artificial y el agua para preparar los biberones no está claro que esté potable y limpia. La gastroenteritis, la deshidratación y la muerte están más cerca de estos lactantes privados de leche materna. Si se desea ayudar a los lactantes de una zona devastada, lo que hay que hacer es proteger y aportar buenos alimentos para sus madres, pero nunca formulas artificiales de fabricantes de sucedáneos.

Promocionemos la lactancia materna con recursos

No amamantar comporta riesgos probados para la morbilidad infantil aguda y crónica, la mortalidad infantil, el desarrollo psicomotor, la salud de la madre a corto y largo plazo, así como un coste económico familiar, sanitario, social y ecológico, tanto en países en desarrollo como desarrollados.

Por todo ello, instemos a nuestros gobiernos que promocionen la lactancia materna con recursos económicos y humanos, campañas de sensibilización, formación para personal sanitario, y apoyo real y efectivo a las madres y sus familias.

Dr. José María Paricio Talayero, pediatra y fundador de APILAM y e-lactancia

Texto adaptado para la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2020 del capítulo 3, La lactancia materna, del libro Tú eres la mejor madre del mundo, JM Paricio. Ediciones B, Madrid 2013 y del capítulo 2, Lo que sabemos a ciencia cierta, del libro El libro de la lactancia JM Paricio. Ediciones Penguin Random House, Barcelona 2020

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- José María Paricio, presidente de APILAM y creador de e-lactancia

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