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Inducción de la lactancia materna en una mujer transgénero

By Apilam Lactancia | La firma experta

Mar 01

“La función hace al órgano”, Jean-Baptiste Lamark.

Recientemente, algunos medios se han hecho eco de la noticia, según la cual una mujer transgénero logró amamantar de forma exclusiva a su hijo adoptado durante las primeras seis semanas de vida. Esto, según los profesionales que la atendieron, marca un hito y ofrece una luz de esperanza a que mujeres transgénero “puedan ver plasmados sus anhelos de vida”. Para lograrlo, la mujer que estaba recibiendo terapia hormonal durante los últimos 6 años, recibió medicación adicional con Domperidona y refuerzo del tratamiento hormonal que ya recibía.

Como suele ocurrir ante tan novedosa noticia, los comentarios no se hicieron esperar, sobre todo los que tienen relación con efectos secundarios que tal procedimiento terapéutico pueda provocar en el niño y la madre,.

La realidad es que históricamente, la estimulación de la producción de leche materna, conocida como inducción de la lactancia, mediante el empleo de ciertas hormonas, se ha venido publicando desde los años 70 del siglo pasado, sin que existan hasta la fecha informes de efectos secundarios importantes, debido a tales sustancias. Se han utilizado con madres adoptivas que desean amamantar a sus bebés, madres biológicas que desean reiniciar su lactancia interrumpida por algún motivo, o bien, con madres lactantes que son sometidas a técnicas de fertilización in-vitro. 

El poderoso estímulo de la succión del bebé

En un lugar remoto de Centro América, se dio el caso anecdótico de un recién nacido abandonado a la puerta del hogar de una mujer cuyo último embarazo había ocurrido hacía 40 años, al oír el llanto del pequeño niño la mujer le puso al pecho y a los pocos días estaba produciendo leche suficiente para saciar el hambre bebé. Aunque con aquella situación la diferencia es obvia, ambas comparten el deseo de amamantar y el estímulo poderoso de la succión del bebé.

A la pregunta de si existe algún riesgo de efectos secundarios por la medicación utilizada, la respuesta es que el riesgo es muy bajo, por no decir nulo. Hasta la fecha únicamente se ha informado de algunos casos de ginecomastia transitoria (aumento anormal de los pechos) en los lactantes tras el uso de estrógenos por la madre durante la lactancia. Existen dudas sobre la causa, porque no han aparecido nuevos casos informados a pesar que tales hormonas se han usado como anticonceptivos, inducción de la ovulación, fertilización in-vitro, inducción de la lactancia etc. Ha existido preocupación sobre el efecto negativo de los estrógenos asociados a píldoras anticonceptivas sobre la producción de leche, motivo por el cual no se recomienda de uso, sobre todo al inicio de la lactancia. En cuanto a la Progesterona, se trata de una hormona totalmente compatible con la lactancia materna.

La otra sustancia utilizada, Domperidona, se ha usado para el control de vómitos por sus propiedades procinéticas digestivas, pero en este caso se aprovecha un efecto colateral importante, como es el de producir aumento de la Prolactina (hormona facilitadora del inicio de la producción de leche). Este medicamento no se ha detectado en la leche y por lo tanto es inocuo para el bebé. Sin embargo, existe cierto riesgo para la madre ante la posibilidad de aparición de arritmia cardíaca grave, aunque este riesgo se ha calculado ser muy bajo: 1 caso entre 12.950 madres durante los primeros 6 meses posparto, aunque el dato en el que se basó este cálculo no resultó ser significativo estadísticamente y por lo tanto cabe que el riesgo sea aún menor. Algunos recomiendan no pasar de 30 mg diarios y efectuar previamente un ECG antes del inicio de esta medicación.*

Quizá en pocos casos como éste, se pueda aplicar con tanto acierto la sentencia de Lamark, la respuesta de la glándula mamaria al estímulo de una succión frecuente pone en marcha su funcionamiento.

Artículo de Leonardo Landa, pediatra y vicepresidente de APILAM

* Anderson PO. Domperidone: The Forbidden Fruit. Breastfeeding Medicine 2017. 12;5:258-260